En los pueblos del Tolima, muchas historias no nacen en documentos ni se anuncian en medios, sino que se transmiten de voz en voz, entre conversaciones cotidianas, reuniones familiares y recorridos por el campo. Los relatos quedan en la memoria colectiva y terminan dándole identidad a cada camino, finca o árbol que tiene algo que contar.
Con el paso de los años, estas historias toman fuerza. Algunas están ligadas a fechas especiales, como la Semana Santa, y otras a hechos que marcaron a una comunidad. Así llegó este relato hasta Howard Gutiérrez, de Conexión Enigma, quien lo recibió como parte de esa tradición oral que aún circula en la región.
El árbol maldito en el Alto del Bledo
Cerca del alto del Bledo, en la vereda del Líbano, Tolima, metiéndose por el corregimiento de Padilla, hay una finca en la que, según el relato, nadie quiere sembrar ni hacer nada porque allí se encuentra un árbol que muchos consideran maldito.
La historia ha circulado durante años y se mantiene en la voz de quienes la cuentan con los mismos elementos: un grupo de jóvenes, una consejo ignorado y un hecho ocurrido en Semana Santa que marcó ese lugar.
La advertencia ignorada que salió cara
Un miércoles santo, un grupo de muchachos hizo planes para ir al río. La madre de uno de ellos le pidió que no fuera, recordándole que era Semana Santa y que esos días se respetan.
A pesar de esa indicación, no hicieron caso y en la mañana temprano del jueves santo empacaron lo que necesitaban y se fueron hacia el río.
El árbol de mango que guarda la terrorífica historia
Cuando llegaron, el resto de los muchachos se puso a orar, mientras Martín comenzó a burlarse, cuestionando lo que hacían y restándole importancia. En medio de ese momento, vieron un árbol de mango y él decidió subirse para bajar frutos.
Habían bajado varios mangos cuando, al intentar descender, apareció un lazo de la nada y Martín quedó enganchado, quedando colgado en ese mismo lugar. Así amaneció a la mañana siguiente.
Más de 50 años sin que nadie trabaje esa finca
Desde ese día, según el relato, en esa finca asustan mucho, aunque no se describen formas específicas. Lo que sí se repite es que nadie se acerca ni permanece en el lugar.
Han pasado más de 50 años y, de acuerdo con la historia, nadie siembra ni realiza actividades allí, manteniendo ese terreno tal como quedó desde aquel episodio.