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Adultos mayores denuncian que pagan agua sin recibir el servicio en zona rural de Melgar

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En una vereda de Melgar, vecinos dicen que les facturan el servicio aunque deben subir el agua en baldes hasta sus casas.

Terminal de Transporte de Bogotá Melgar

En la vereda Ceboruco, zona rural de Melgar, una historia que parece sacada de otro tiempo sigue repitiéndose todos los días: una pareja de adultos mayores asegura que paga el servicio de agua desde hace años, pero el líquido nunca llega de forma constante hasta su vivienda. Lo más indignante, dicen, es que mientras el suministro falla, el recibo no deja de aparecer puntual.

José Jessi Patiño Méndez cuenta que el lote donde hoy vive fue comprado con el trabajo de toda una vida. Según relata, cuando hicieron la negociación nadie les advirtió que el servicio de acueducto no estaba garantizado en ese punto de la vereda. Con la ilusión de construir su hogar, invirtieron en materiales, levantaron su ranchito y hasta compraron medidor y utensilios exigidos por la empresa prestadora. Sin embargo, con el paso del tiempo descubrieron que tener medidor no significaba tener agua.

La realidad diaria es otra. El líquido apenas llega por las noches a un pequeño tanque ubicado a mitad del camino, varios metros abajo de la casa. Desde allí, los mismos habitantes deben bombearla o subirla, muchas veces cargando recipientes en medio de la subida. “Ya no tenemos la misma fuerza”, dicen, al recordar que en la zona viven varias personas de la tercera edad y también hay niños que dependen de ese recurso básico.

Los afectados aseguran que durante años han buscado respuestas en la empresa Empumelgar. Han presentado reclamos, han ido personalmente y hasta han recibido visitas de funcionarios en temporadas electorales. Según cuentan, ingenieros y representantes han llegado a revisar el terreno y a hablar de posibles soluciones, como la construcción de tanques o mejoras en la red. Pero, en palabras de la comunidad, todo ha quedado en promesas que se esfuman cuando pasan las elecciones.

Lo que más genera inconformidad es que, pese a las dificultades, el cobro mensual continúa. La familia afirma que paga una tarifa fija aun cuando el agua no pasa por el medidor. Además, denuncian que cuando se atrasan en el pago, el poco flujo que alcanza a llegar puede ser restringido. Para ellos, esto representa una situación injusta y desgastante, porque sienten que están pagando por un servicio que en la práctica no reciben.

La problemática no solo afecta a una vivienda. En Ceboruco hay varias familias que enfrentan la misma situación y que, día tras día, deben ingeniárselas para tener agua en sus casas. Algunos utilizan motobombas, otros almacenan el líquido cuando aparece y varios dependen de la solidaridad entre vecinos para compartir lo poco que llega. La escena se repite al caer la noche, cuando esperan que el tanque se llene lentamente para poder garantizar las tareas básicas del día siguiente.

Más allá del reclamo puntual, la historia deja al descubierto una realidad que golpea a muchas zonas rurales del Tolima: el acceso desigual a servicios públicos esenciales. Mientras en el casco urbano el agua es parte de la rutina diaria, en sectores como Ceboruco sigue siendo un lujo que se busca con esfuerzo físico y paciencia.

El llamado de la comunidad es claro. No piden promesas ni visitas fugaces, sino soluciones reales que les permitan vivir con dignidad. “Solo queremos abrir la llave y que salga agua”, dicen, con la esperanza de que su voz sea escuchada y que la situación deje de ser una lucha diaria contra la montaña y contra el tiempo.

Por ahora, la historia de estos abuelos continúa marcada por la resistencia y la paciencia. Entre baldes, tanques y subidas empinadas, siguen esperando que el servicio que pagan cada mes llegue, por fin, hasta la puerta de su casa.