La fiebre del oro que se vive en el municipio de Ataco, en el sur del Tolima, no solo está atrayendo a decenas de personas que buscan fortuna entre las montañas. También está generando una preocupación que va mucho más allá del mineral: la aparición de casos de malaria que ahora tienen en alerta a las autoridades sanitarias del departamento.
En lo corrido del año se han confirmado dos casos de esta enfermedad, ambos relacionados con personas que llegaron desde otras regiones del país atraídas por la minería de oro que se mueve en la zona. Aunque inicialmente se pensó que los contagios eran importados —es decir, adquiridos en otros territorios—, las investigaciones epidemiológicas apuntan a un escenario distinto: la transmisión pudo haberse dado en el propio municipio.
Ese detalle cambia completamente el panorama. Si se confirma que el contagio ocurrió en Ataco, se trataría de casos autóctonos, lo que significa que la enfermedad ya habría empezado a circular en el territorio. Y ahí es donde aparece el verdadero riesgo: el mosquito transmisor de la malaria está presente en la región, lo que podría facilitar nuevos contagios si no se toman medidas rápidas.
La situación está estrechamente ligada a lo que muchos en el sur del Tolima ya llaman “la fiebre del oro”. En los últimos meses se ha incrementado la presencia de personas que llegan desde distintos puntos del país para trabajar en explotaciones mineras informales o ilegales, con la esperanza de encontrar el metal que hoy alcanza precios históricos en el mercado.
Ese movimiento migratorio ha cambiado la dinámica de la zona. Campamentos improvisados, trabajadores que llegan por temporadas y condiciones precarias son parte del paisaje que se ha ido formando alrededor de las minas. Y junto con esa migración también llegan enfermedades que en otras regiones del país son más comunes.
Entre quienes llegan hay trabajadores provenientes de zonas endémicas de malaria, es decir, territorios donde el parásito circula con frecuencia. En ese contexto, basta que una persona infectada llegue a un lugar donde exista el mosquito transmisor para que se abra la puerta a una nueva cadena de contagio.
Eso es precisamente lo que ahora tratan de determinar las autoridades sanitarias: si el parásito ya empezó a moverse dentro del territorio. Los dos casos detectados corresponden a trabajadores que no son originarios del Tolima, pero que llevaban tiempo en el municipio desarrollando actividades relacionadas con la minería.
Por ahora, el número de casos es bajo, pero los expertos advierten que la situación debe vigilarse con lupa. La malaria es una enfermedad transmitida por el mosquito Anopheles y puede provocar fiebre alta, escalofríos intensos, dolor de cabeza y complicaciones graves si no se trata a tiempo.
Por eso, desde el área de epidemiología del departamento se activaron acciones de vigilancia sanitaria, que incluyen seguimiento a posibles contactos, monitoreo en la zona minera y búsqueda activa de personas que presenten síntomas compatibles con la enfermedad.
El temor es que la combinación de minería informal, migración constante y presencia del mosquito cree el escenario perfecto para que la malaria empiece a expandirse en el sur del Tolima.
Mientras tanto, Ataco sigue viviendo el auge del oro. Cada semana llegan nuevos trabajadores, algunos con herramientas básicas, otros con maquinaria improvisada, todos con la misma ilusión: encontrar el metal que puede cambiarles la vida. Pero entre palas, bateas y campamentos, ahora también se mueve otra preocupación.
Porque en medio de la búsqueda del oro, el territorio podría estar enfrentando algo mucho más complejo: la posibilidad de que una enfermedad tropical vuelva a abrirse camino en el departamento.
Y aunque por ahora las autoridades hablan de un evento pequeño y controlado, lo cierto es que la vigilancia sanitaria se mantiene activa. La prioridad es evitar que esos dos casos detectados se conviertan en el inicio de un brote mayor en una zona donde, además de oro, también podría empezar a circular la malaria.