La apertura de compuertas en la represa de Betania volvió a alterar el caudal del río Magdalena y la economía cotidiana de decenas de familias en Honda, Tolima. Lo que para los operadores puede ser una maniobra técnica se tradujo en redes vacías, corrientes más intensas y una subienda que perdió fuerza justo cuando más se esperaba. El incremento del caudal transformó el paisaje fluvial y trastocó la vida diaria de quienes dependen de la pesca artesanal.
El Cuerpo de Bomberos del municipio confirmó que el nivel del Magdalena pasó de 6,18 a 6,65 metros en pocas horas tras las descargas desde la hidroeléctrica, un comportamiento que mantiene en alerta a organismos de socorro y a la comunidad ribereña. Aunque el Magdalena no suele presentar crecientes súbitas, el aumento sostenido del caudal genera riesgos: aparecen remolinos, la corriente se acelera y zonas que parecían seguras pueden convertirse en trampas de agua profunda.
El comandante César Santana Escobar indicó que el efecto es más dramático en plena temporada de subienda, un período que normalmente impulsa el comercio, el turismo y la captura de pescado. Esta vez, sin embargo, la situación fue distinta: las llamadas “camas”, puntos donde el pescado suele descansar y donde los pescadores hacen sus mejores jornadas, quedaron completamente anegadas, lo que obligó a suspender faenas y dejó días sin capturas.
“Cuando el río crece de esta manera, el pescado se profundiza o se esconde”, advierten desde Bomberos, una realidad que los pescadores conocen bien y que golpea con más fuerza cuando coincide con la subienda. En las orillas se percibe tensión: redes listas, atarrayas secas y miradas fijas en un río que no da tregua. La creciente no solo es un fenómeno natural, es también un desafío económico para familias que viven del día a día.
El incremento del nivel también activó las alertas de seguridad en una temporada en la que Honda recibe visitantes de Bogotá y otras regiones frías. Muchos viajan atraídos por el pescado fresco o por la tradición de bañarse en las playas del río, sin prever que las condiciones pueden cambiar en cuestión de horas. Las autoridades advierten que el Magdalena es “traicionero”: el agua puede estar a la cintura en un punto y, pocos metros más adelante, caer a una profundidad peligrosa.
Otro factor preocupante es la falla en los sensores de alerta temprana del municipio, que ha obligado a los organismos de socorro a realizar mediciones manuales del nivel del río. Aunque el monitoreo no se detuvo, la ausencia de datos automáticos complica la respuesta ante variaciones rápidas, en un escenario que depende tanto de las decisiones aguas arriba como de las lluvias en el sur del Tolima y la sabana de Bogotá. Cada milímetro de lluvia lejos de Honda termina reflejándose horas después en el comportamiento del Magdalena.
Desde Bomberos hicieron un llamado directo a los pescadores para evitar prácticas que pueden resultar fatales en momentos de creciente, como amarrarse la atarraya a la muñeca. En corrientes fuertes, una red puede convertirse en una trampa peligrosa si alguien cae al agua. “Es mejor perder la atarraya que perder la vida”, reiteraron, en un mensaje que mezcla experiencia y prevención.
En el puerto histórico, la conversación gira en torno a cuándo bajará el nivel y si la subienda podrá recuperarse. Comerciantes aseguran que el movimiento ha disminuido y que los turistas ahora miran el río con respeto, conscientes de que el panorama cambió. La apertura de compuertas en Betania, sumada a las lluvias aguas arriba, dejó claro que el Magdalena sigue marcando el ritmo de Honda.
Por ahora, el mensaje oficial es claro: evitar ingresar al río, extremar precauciones durante las jornadas de pesca y mantenerse atentos a los reportes oficiales. Porque, como dicen los viejos del puerto, cuando el río habla, lo mejor es escucharle.