La historia de los pueblos suele guardarse en sus costumbres, en sus fiestas y hasta en los apodos que cargan con orgullo. En Colombia, muchos municipios tienen sobrenombres que nacen de la tradición oral, de lo que cuenta la gente y de cómo se ha construido la identidad con los años.
En el Tolima, uno de los casos más llamativos es el de El Espinal, donde a sus habitantes les dicen “pelachivas”, una palabra que despierta curiosidad y que cobra más sentido justo cuando el municipio se prepara para celebrar sus 243 años de fundación este 3 de abril.
El Espinal: tierra de cultura, arroz y tradición tolimense
Antes de entender el origen del término, vale la pena mirar el lugar que lo sostiene. Según la Gobernación del Tolima, El Espinal es el segundo municipio más poblado del departamento y es reconocido como la capital arrocera del centro del país. Su territorio plano, bañado por los ríos Magdalena y Coello, ha marcado su vocación agrícola.
El municipio también es cuna del Bunde Tolimense, una de las piezas más representativas del folclor regional, compuesta por Alberto Castilla. A eso se suma una fuerte tradición musical, gastronómica y cultural, donde destacan platos como la lechona y el tamal.
Cada año, el 3 de abril, el municipio celebra su cumpleaños con actividades culturales, serenatas y encuentros en el parque principal, reforzando ese sentido de pertenencia que también se refleja en el famoso apodo de sus habitantes.
¿De dónde viene eso de “pelachivas”? Varias historias que se cruzan
El origen del término no tiene una única versión, y ahí está lo interesante. De acuerdo con Radio Nacional, una de las explicaciones más antiguas se remonta a la época de la colonia, cuando en el sur del Tolima era común la cría de ovejas, cabras y chivos como sustento familiar.
En ese contexto, el historiador Hernán Clavijo explica que el término surge dentro de una economía campesina ligada al latifundio, donde muchas familias vivían de criar animales como gallinas, cerdos y chivas. De ahí habría nacido el apelativo “pelachivas” para los habitantes de El Espinal.
Otra lectura señala que el término tenía un tono sarcástico en sus inicios, usado para referirse a personas de recursos modestos o trabajos sencillos. Con el tiempo, esa carga cambió y hoy se usa más como un rasgo de identidad.
Entre chismes, tradición y orgullo: lo que dice la gente del Espinal
Más allá de los libros, la versión que más suena en las calles es la que cuentan los propios pelachivas. En un video de la Alcaldía, varios habitantes dan su propia explicación, y ahí aparecen versiones mucho más cercanas.
Algunos dicen que el apodo viene de que “aquí se pelan chivas”, mientras otros lo relacionan con una característica muy popular: ser chismosos. También hay quienes aseguran que el nombre nace de épocas en que el territorio era un “peladero”, un lugar abierto y árido.
Pero entre todas esas versiones hay algo en común: el orgullo. Muchos coinciden en que ser pelachiva es simplemente haber nacido en El Espinal, crecer con sus tradiciones y sentirse parte de su cultura.
Un gentilicio que nace del pueblo, no de los libros
El término también encaja dentro de lo que expertos llaman gentilicios populares o alternativos. Según el diccionario de gentilicios de Colombia, de Alberto Mendoza Morales citado en El Tiempo, muchos nombres no vienen del idioma formal, sino de la costumbre, del folclor y de cómo la gente nombra su tierra.
Así pasa con “pelachivas”, un apodo que no salió de una norma académica, sino de la vida cotidiana, de las historias campesinas, de las bromas y de la memoria colectiva del Tolima.
Hay otros gentilicios que mezclan historia y tradición. En Aracataca les dicen cataqueros, en Guática son cebolleros por su cultivo, y en el Huila aparecen los opitas. Otros vienen de nombres antiguos, como chiguanos en Choachí o laboyanos en Pitalito, mostrando cómo la identidad se construye desde la memoria colectiva.
Pelachiva y con orgullo: identidad que se celebra
Hoy, lejos de ser un término despectivo, “pelachiva” se ha convertido en una marca de identidad. Incluso, la misma Alcaldía de El Espinal ha impulsado campañas como “Soy Pelachiva” para resaltar la cultura, la gastronomía y las raíces del municipio.
En medio de la celebración de sus 243 años, el apodo toma más fuerza. Es una palabra que resume historia, tradición y sentido de pertenencia. En El Espinal, ser pelachiva no se explica con una sola versión, se vive en cada fiesta, en cada plato típico y en cada historia que se sigue contando.