En una mañana cualquiera en Ibagué, una abogada y un administrador decidieron que ya era suficiente. Suficiente de oficinas, de relojes, de rutinas que matan los sueños poco a poco. Katherine Rivera y Alejandro Wilches, pareja de esposos y aventureros de alma, empacaron lo necesario —unas herramientas, un par de cascos y mucha valentía—, subieron a su moto, invitaron a su perro Newen, y salieron a cumplir un sueño: darle la vuelta a Sudamérica sobre dos ruedas.
Lo que comenzó como un paseo por Colombia terminó convirtiéndose en una travesía de cuatro años y más de 70 mil kilómetros. Pasaron por Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil, las Guyanas y Venezuela. Cruzaron desiertos, glaciares, montañas interminables y pueblos donde nadie hablaba su idioma, pero todos sonreían al verlos llegar con ese perro de gafas oscuras que viajaba como todo un motero. Newen, dicen ellos, fue su amuleto: donde aparecía él, se abrían las fronteras y las puertas de los hogares.
“Yo era abogada, él trabajaba en un banco. Pero la vida no puede ser solo trabajar y pagar cuentas”, cuenta Katherine. Y así, con artesanías hechas por sus propias manos, sobrevivieron en el camino. Vendían pulseras y collares a cambio de historias, comidas o una cama improvisada. Aprendieron a vivir con poco, a compartir con mucho, a descubrir que no se necesita dinero para sentirse millonario.



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No faltaron los sustos. Una llanta estallada en medio de la Patagonia, temperaturas bajo cero, noches sin rumbo ni señal, enfermedades y días en los que el bolsillo apenas alcanzaba para un pan. Pero ahí estaban, juntos, los tres: ella, él y Newen. “Tuvimos miedo muchas veces —dice Alejandro—, pero el miedo también enseña. Nos recordó que la vida está del otro lado de la comodidad”.
Cuando finalmente cruzaron la última frontera y regresaron a Colombia, no sabían si llorar o seguir rodando. Cuatro años lejos del hogar, sin ver a sus familias, pero con el corazón lleno de paisajes. Hoy, ya de vuelta en Ibagué, apenas descansan unos días y ya sueñan con el próximo destino. “Tenemos pies, no raíces”, dice Katherine, sonriendo.
¿El próximo destino? África o Alaska. No lo saben aún. Lo que sí saben es que seguirán viajando, contando historias, compartiendo rutas bajo el nombre de @ViajeKawi, una mezcla de sus iniciales —Katherine y Wilches— y de su filosofía: que la vida, cuando se vive con amor y coraje, siempre encuentra camino.
Y ahí van. Sobre una moto, con un perro de gafas y dos corazones llenos de mundo. Porque hay quienes nacieron para llegar… y otros, como ellos, para seguir andando.