Las lluvias de este martes no solo dejaron calles mojadas en Flandes, Tolima. También destaparon una problemática que, según padres y docentes, venía advirtiéndose desde hace tiempo: la falta de condiciones adecuadas en la infraestructura de la Institución Educativa Alianza para enfrentar una temporada invernal más intensa.
El panorama fue preocupante. Zonas comunes completamente inundadas, agua acumulada en pasillos y salones, y estudiantes que, literalmente, debían permanecer con los pies en el agua mientras intentaban continuar la jornada académica. Las imágenes que circularon en redes sociales mostraban el plantel convertido en una especie de laguna improvisada, una escena que generó indignación entre la comunidad educativa.
La situación fue denunciada públicamente por el concejal de oposición Pedro Leal Sáenz, quien aseguró que lo ocurrido no puede verse como un hecho aislado. Según explicó, la emergencia afectó el normal desarrollo de las clases y puso en riesgo la salud y seguridad de los menores, quienes quedaron expuestos a condiciones que calificó como indignas.
“Esto no es nuevo”, señalaron algunos padres de familia, quienes aseguran que cada temporada de lluvias revive el mismo temor: que el agua vuelva a tomarse los espacios donde sus hijos estudian. Para ellos, lo ocurrido este martes fue la confirmación de que el plantel necesita intervenciones estructurales y no solo soluciones temporales.
Más allá del impacto visual, el problema tiene implicaciones de fondo. La acumulación de agua en espacios escolares no solo interrumpe el proceso académico, también puede generar riesgos eléctricos, proliferación de bacterias y afectaciones respiratorias. En una etapa clave de formación, la comunidad insiste en que los estudiantes deberían estar concentrados en aprender y no en esquivar charcos dentro del aula.
Tras la difusión masiva de los videos y fotografías, la Alcaldía de Flandes reaccionó a través de sus redes sociales. En un comunicado oficial aseguró que la emergencia estaba siendo atendida “de manera inmediata” y que se activaron acciones en articulación con Aqualia Colombia.
De acuerdo con la administración municipal, personal de la Secretaría de Planeación e Infraestructura fue enviado al lugar para mitigar los impactos y restablecer las condiciones del plantel. Las autoridades indicaron que se realizaron labores de verificación y drenaje para evacuar el agua acumulada y evaluar posibles daños.
Sin embargo, en la comunidad persiste la pregunta de fondo: ¿se trata de una solución coyuntural o habrá una intervención estructural que garantice que esta escena no se repita? Padres y docentes coinciden en que no se puede normalizar que cada aguacero se convierta en una amenaza para la jornada escolar.
Este episodio vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la infraestructura educativa en municipios intermedios y pequeños del país. Mientras en el papel se habla de calidad educativa, en la práctica muchos planteles siguen enfrentando problemas básicos de drenaje, mantenimiento y adecuación para temporadas invernales.
En Flandes, la expectativa ahora está puesta en las acciones que adopte la administración municipal en los próximos días. La comunidad educativa espera anuncios concretos, cronogramas claros y, sobre todo, soluciones que no dependan únicamente de que deje de llover.
Porque si algo dejó claro esta emergencia es que cuando el agua entra al salón, la educación pasa a segundo plano. Y en medio de charcos y pupitres mojados, quienes terminan pagando las consecuencias son los estudiantes, que merecen espacios seguros y dignos para aprender.
La temporada de lluvias apenas comienza, y el reto para las autoridades es evitar que la imagen de niños recibiendo clase entre el agua vuelva a repetirse. En Flandes, hoy más que nunca, la comunidad pide que la solución no sea improvisada, sino definitiva.