Mariquita

Vandalizan bebederos en parques de Mariquita: “A veces no es fácil controlar”, lamentó alcaldesa

Bebedero de parque

Mientras la Alcaldía repara los daños, los mismos espacios vuelven a ser afectados en cuestión de días.

Freepik Imagen de referencia

Los daños a bebederos en parques de Mariquita, en el norte del Tolima, no solo encendieron las alertas de la administración municipal, sino que volvieron a poner en evidencia un problema que se repite en varias regiones del país: el deterioro de lo público por falta de cuidado ciudadano. Lo que debía ser un espacio de encuentro para familias, niños y jóvenes, hoy vuelve a ser noticia por actos de vandalismo que afectan directamente la inversión y el bienestar colectivo.

La situación fue confirmada por la alcaldesa Martha Amaya, quien no dudó en señalar que el problema va más allá del estado físico de los parques. Para la mandataria, el verdadero foco está en la falta de apropiación ciudadana, un fenómeno que, según dijo, termina debilitando cualquier esfuerzo institucional. “No ayudamos a cuidar. Todo lo que se pone en un parque o en un lugar es para el disfrute de todos”, afirmó, en un llamado directo a los habitantes del municipio.

Y es que, aunque desde la Alcaldía se han adelantado jornadas de recuperación, mantenimiento y embellecimiento, los daños vuelven a aparecer. Bebederos vandalizados, estructuras deterioradas y espacios que, en cuestión de días, pasan de estar en óptimas condiciones a requerir nuevamente intervención. Esto no solo representa un golpe a la imagen del municipio, sino también al bolsillo público, pues obliga a reinvertir recursos en obras que ya habían sido entregadas.

En ese contexto, Amaya fue clara en advertir que el esfuerzo institucional tiene un límite si no existe corresponsabilidad. “No basta con embellecer”, insistió, dejando sobre la mesa una realidad incómoda: las obras públicas, por sí solas, no garantizan su sostenibilidad. Se necesita, dijo, un cambio en la forma en que la comunidad se relaciona con estos espacios.

El panorama, además, tiene un componente social que complejiza aún más la situación. Frente a versiones que apuntan a habitantes de calle como posibles responsables de algunos daños, la alcaldesa reconoció que no es fácil ejercer control permanente. Desde la administración se han impulsado acciones desde la Secretaría de Desarrollo Social para atender a poblaciones vulnerables, incluyendo adultos mayores en condición de calle, pero no siempre estas medidas logran los resultados esperados.

A veces no es fácil controlar”, admitió la mandataria, al tiempo que explicó que incluso cuando se ofrecen alternativas institucionales, no todas las personas aceptan estos apoyos. Este escenario, según expertos en temas urbanos, evidencia que el problema del cuidado del espacio público no solo es cultural, sino también social y estructural.

Mientras tanto, en los parques de Mariquita, la realidad es evidente: lo que se construye con recursos públicos puede deteriorarse en cuestión de horas. Y aunque las cuadrillas de mantenimiento regresan, una y otra vez, a reparar lo dañado, la sensación de desgaste es inevitable.

Pese a este panorama, la alcaldesa reiteró que su administración no bajará la guardia. “Nuestro compromiso como alcaldesa y como equipo sigue ahí, atento para todos los mariquiteños”, aseguró. Sin embargo, el mensaje de fondo es claro: el futuro de estos espacios no depende únicamente de la Alcaldía, sino del comportamiento cotidiano de quienes los usan.

La situación en Mariquita termina siendo un reflejo de un debate más amplio en el Tolima y en el país: ¿de quién es realmente lo público? Porque más allá de la inversión, la infraestructura y los anuncios, la sostenibilidad de estos espacios parece depender de algo mucho más básico, pero difícil de garantizar: el cuidado ciudadano.